martes, 1 de noviembre de 2011

I´m back

Suelo escribir cuando estoy pasando por un mal momento de mi vida (y si no lo creéis, me remito a los hechos. Para los despistados, tres entradas más abajo)

Hace tiempo escuché que quién escribe por sentimientos nunca será un buen escritor. Pues, ¿sabéis qué? Me da igual. Porque escribo cuando siento y no creo que eso me haga peor escritora ya que tengo la certeza de que en el interior de cada uno de los textos que redacto hay un pedazo de mi alma. Y de eso, no pueden estar orgullosos todos los escritores.

Claro, que yo simplemente soy una aprendiz de.

Y…

Sí, efectivamente, he vuelto a escribir en el blog porque no estoy pasando por el mejor momento de mi vida. Y qué le vamos a hacer, la vida es así. Una noria que sube y baja y yo ahora estoy abajo.

Lo curioso de toda esta vorágine de sentimientos es que no he derramado ni una sola lágrima por la persona que sentía como la más importante de mi vida. Y quizá sea porque para mí murió (no literalmente, claro, sino filosóficamente. Esa persona ya no está en el cuerpo del que miro frente a mí. Os preguntaréis, ¿dónde estará? Pues es una muy buena pregunta, de la cual tengo respuesta: dentro de mi pez. Pero esa es otra historia que os contaré otro día), porque en los últimos meses dejé de ser la persona que creía ser (y que soy) o probablemente porque aún no llegó el momento de llorarle.

Sea como fuere, he vuelto a escribir, que para mí ES LO MÁS IMPORTANTE.

jueves, 21 de octubre de 2010

Uno contra todos

Últimamente le he dado muchas vueltas a todo aquello que considero que está mal en mi vida. En estos últimos días (o meses), he discutido con absolutamente todo el mundo, me he creído con la verdad absoluta y he sido capaz de odiar al universo (una especie de lista negra en la que solo unos crepes han sido capaz de excluir a dos personas de ésta). Sin duda, podría decir que he luchado en una batalla uno contra todos –donde todos son alrededor de 6.700 millones de personas.

Y después de esa lucha a muerte, me doy por vencida. Estoy cansada de ser la justiciera mundial. He aprendido que siempre habrá injusticias, pero también aprendí que algunas cosas sí cambian. Y eso… me da esperanza.

Esperanza…

Ese estado del ánimo en el cual se nos presenta como posible lo que deseamos, según la RAE, me ha abierto los ojos. Y ahora, más grandes, brillantes y marrones que nunca están dispuestos a imaginar con toda la fuerza de que dispongan su vida. Y lo harán, lo harán hasta que cada uno de esos sueños puedan ser tocados con las palmas de sus manos.

Y puede que no sea ese tipo de chicas que caen de pie en todas las situaciones, ni la más especial, ni la más inteligente, ni la que cae bien a todo el mundo, pero lo que sí sé es que soy una de esas chicas que saben lo que quieren y van a por ello.

Porque a tu pregunta “¿crees que hago mal en volver a intentarlo?”, te diré “no, porque los sueños se hacen realidad”; a tu duda sobre “no tengo ilusión por nada, ni soy brillante en nada”, te afirmaré “solo es tu pequeña gran batalla uno contra todos y cuando acabe, verás que puedes ser brillante en algo”; y a tus miedos a “equivocarte”, diré “todos nos equivocamos y cuando lo hacemos escribimos líneas nuevas en nuestra vida que son más acertadas”.

Porque sí, nuestra dificultad radica en haber comenzado a construir nuestra vida en época de crisis, en una época donde no hay oportunidades. Pero eso nos hará más fuertes y nos enseñará algo que generaciones anteriores han tardado años en aprender. Nos enseñará a vivir.

miércoles, 31 de diciembre de 2008

Báilame el agua

Báilame el agua
Úntame de amor y otras fragancias de tu jardín secreto
Sácame de quicio, hazme sufrir...
Ponme a secar como un trapo mojado.
Lléname de vida líbrame de mi estigma
Llámame tonto.
Olvida todo lo que haya podido decirte hasta ahora.
No me arrastres
No me asustes
Vete lejos...pero no sueltes mi mano.
Empecemos de nuevo.
Toca mis ojos
Nota la textura del calor
¿Por cuánto te vendes?
Píllate los dedos
Y deja que te invite a un café.
Caliente, claro
Y sin azúcar... sin aliento

jueves, 11 de septiembre de 2008

Yo nunca lloro...

... escupo por los ojos

Inevitable, pero hoy me siento así

miércoles, 6 de agosto de 2008

Ocho cosas que haré antes de morir...

Recorrer el mundo mientras…
…vivo cientos de aventuras y…
… me dedico al periodismo.
Y en mis ratos libres escribir un libro de los que se adueña de un trocito de cada alma que lo lee.
Hablando perfectamente inglés, para poder…
…encontrarte, Nacho (y eso solo lo sabe nuestra imaginación) y así…
… poder vivir en el paraíso (a caballo entre Londres y Madrid)
Pero, sobretodo, lo que no puedo dejar de hacer en este mundo es… ser y hacer feliz.

lunes, 30 de junio de 2008

La segunda estrella a la derecha y todo recto hasta la mañana

Así nos indicaba el camino Peter, mientras le acompañábamos a Nunca Jamás; en cambio, junto a Alicia nos sorprendíamos al conocer un gato de Cheshire o confiamos en poder ayudar al niño de madera a conseguir su reclamado corazón.

Pablo Bullejos, en su cortometraje “La segunda estrella a la derecha” muestra la historia de la inocencia. Una inocencia que enlaza todas las historias en las que creímos una vez, aquellas que nos colmaron un día de aventuras e ilusión.



“Las estrellas son hermosas, pero no pueden participar en nada. Tienen que limitarse a observar eternamente”. Para ti, Iria, que siempre has estado a mi lado.

jueves, 6 de marzo de 2008

El niño con el pijama de rayas

…hay que leerla sin saber de qué trata, porque no hay que desvelar la sorpresa.

Política de marketing o no El niño con el pijama de rayas, del escritor irlandés John Boyne, ha sido un éxito en innumerables países. Sin miedo a descubrir el tema central de la historia desde la primera página, el tiempo transcurre de manera rápida. Con un argumento sencillo nos guía en dirección a una verdad que, aunque etérea durante todo el hilo de la historia, se torna palpable en el último párrafo.

Un día elaboró una teoría acerca de lo que había podido ocurrir y volvió al tramo de alambrada donde un año atrás habían encontrado la ropa de su hijo. Aquel lugar no tenía nada especial ni deferente, pero Padre exploró un poco y descubrió que la base de la alambrada no estaba bien sujeta al suelo, como en los otros sitios, y que al levantarla dejaba un hueco lo bastante grande para que una persona muy pequeña, quizá un niño, se colara por debajo.

Entonces miró a lo lejos y poco a poco fue atando cabos, y notó que las piernas empezaban a fallarle, como si ya no pudieran sostener su cuerpo. Acabó sentándose en el suelo y adoptando casi la misma postura que Bruno había adoptado todas las tardes durante un año, aunque sin cruzar las piernas por debajo del cuerpo.


Y es que, al fin y al cabo, la vida es así: impredecible. En ocasiones, el ser humano se siente capaz de tomar decisiones, decisiones correctas (¿o no?); y en ocasiones, el destino se encarga de poner cada cosa en su lugar.

Pero como señala el autor: “…todo esto pasó hace mucho, mucho tiempo, y nunca podría volver a pasar nada parecido. Hoy en día no”. Real o no, sueño por un día en que está afirmación no contenga interrogantes.